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Sigur Rós: desafiando tópicos

por Agustín Gómez Cascales en Shangay

El cuarteto islandés está que se sale. A pesar de que su música no es lo que se dice “fácil”, arrasan en países como Portugal, Italia y Estados Unidos. Al terminar su reciente concierto en Madrid, a Natalie Portman solo le faltó tirarse al suelo a besarles los pies. Y es que provocan auténticas catarsis en su público, cada vez más amplio gracias a la gran acogida de Takk..., su nuevo disco. ¿Qué es lo que nos dan que nos hace volar? Conversamos con Jónsi, su líder, para intentar sonsacárselo.

ENTREVISTA:

Jónsi está feliz. Enfrente del teatro en que actúan en Madrid hay un Starbucks. ¿No se supone que él, vegetariano y comprometido con causas sociales, debería repudiar los productos de dicha multinacional norteamericana? “Es que tienen capuccinos con leche de soja”, explica, con expresión traviesa. Con el café en la mano, comenta que le haría ilusión hacer la entrevista en un banco de la Plaza de España. Esta vez, su expresión es tierna. Cualquiera le dice que no, a pesar de que nos invade una horrible ola de frío y la Plaza de España es uno de los rincones más helados de la capital. Durante el rato que pasamos sentados charlando (los dos igual de congelados, me parece a mí), Jónsi confirma su estatus de estrella, a su pesar. Tres fans le reconocen y le piden cosas: los dos más tímidos, autógrafos; el más lanzado, entradas para el concierto, que llevan días agotadas. Todos se salen con la suya, y Jónsi resopla aliviado en cuanto se alejan. La popularidad no le hace feliz. Y es que Sigur Rós son muy suyos para todo.

SHANGAY EXPRESS: Lleváis varios meses de gira, sin parar. ¿Tanto disfrutáis tocando en directo?
JONSI BIRGISSON: Pues si te digo la verdad, no. En ocasiones disfrutamos mucho con los conciertos, pero en general no nos gusta nada pasarnos meses de gira, de un lado para otro, maldurmiendo y sin apenas tiempo libre. Llega un punto en que la cabeza no te da de sí y solo piensas en volver a casa.
S.E: ¿Te cansas de interpretar vuestras canciones?
J.B: No. Aunque sólo disfruto realmente si el sonido de sala es bueno. Si tenemos mala suerte y una noche sonamos mal, lo único que queremos es acabar e irnos a dormir. Nos deprime mucho sonar mal, y en esos casos yo no puedo poner el piloto automático; al revés, me tengo que concentrar más. Y eso me impide flotar.
S.E: ¿Sigues entrando en una especie de trance sobre el escenario?
J.B: A veces. Si el sonido es bueno, no me cuesta nada. Y cuando termino, se me pone una cara de felicidad tremenda. La misma que se me puso cuando terminamos el último disco. Nunca pensé que compondríamos una canción tan optimista y pop como Hoppipolla, por ejemplo; es todo un logro para nosotros.
S.E: ¿Dirías que Takk... es un vuestro álbum más accesible?
J.B: Yo creo que sí. Y fue el más divertido de grabar. No sabes lo que disfrutamos encerrándonos todos en un estudio a componer y grabar. No sentimos relajados y felices creando, igual o más que el primer día. Porque, básicamente, somos cuatro tíos estúpidos que quedan para pasar buenos ratos juntos; no tenemos nada que ver con esa imagen que damos de personas serias y ausentes. Lo que sí tenemos todos son opiniones fuertes y un sentido de la belleza muy parecido.
S.E: Por ser el cantante, ¿te es fácil imponer tu criterio cuando discutís?
J.B: No [risas]. Pero he aprendido a manejar al resto para no tener que pelearnos demasiado cuando no estamos de acuerdo. Conozco a mis compañeros demasiado bien a estas alturas. Ten en cuenta que llevamos casi doce años juntos. De hecho, el próximo cuatro de enero cumpliremos doce años juntos. ¡Qué locura! Así que empecé con dieciocho... Hay que ver lo mucho que he aprendido a escuchar en este tiempo.
S.E: Habéis dado origen a algo parecido a una religión, vista la fe obsesiva con que os siguen los fanáticos de Sigur Rós...
J.B: ¿Sí? Es verdad que he conocido a algunos lunáticos que nos siguen, pero no me había planteado si estarán obsesionados con nosotros. Nunca me paro a pensar en esas cosas. Ni entro en nuestra web a ver qué dicen de nosotros, me deprimiría. Ni leo entrevistas o críticas de nuestros discos; me parece más sano mantenerme al margen de todo lo que provocamos.
S.E: ¿De qué hablas con tus fans cuando te abordan?
J.B: De nada en particular. Normalmente, lo único que quieren es que les firme algo. Otra cosa que nunca he entendido. ¿Para qué quieren tu autógrafo? Se ve que como yo nunca he tenido ídolos no me puedo hacer una idea. Por supuesto, respeto a muchísimos artistas, pero nunca he llegado al punto de perder la cabeza por nadie.
S.E: ¿Cuáles son los artistas que más respeto te provocan ahora mismo?
J.B: Billie Holiday, Django Reinhardt, Chet Baker... Apenas escucho música actual. Ahora mismo sólo me interesan músicos de jazz antiguo. Bueno, también me ha dado por bajarme de internet clásicos pop de los ochenta. Me tiene enganchadísimo una remezcla de I Would Die For You de Prince. Y eso que nunca me ha gustado Prince... Me divierto descargándome canciones malas. Bueno, digo “malas” pero quiero decir que son buenas, ya sabes. Con ellas me sale mi vena gay, igual que con la atracción que siento por los disfraces y el maquillaje. Aunque no tengo muchas oportunidades de dar rienda suelta a esas pasiones.

CORAZON DE INVIERNO
S.E: Si como banda postrockera se os pueden aplicar pocos clichés, a ti, como líder gay, tampoco te sirven muchos de los convencionalismos que se utilizan al hablar de músicos pop homosexuales.
J.B: Ya, ni cuido mi imagen ni soy un fashion victim... De hecho, soy un desastre con la ropa [su gastadísimo jersey de lana, lleno de bolitas, permite intuírlo]. Cuando era un adolescente me lo compraba todo en mercadillos del Ejército de salvación, y entonces sí me lo curraba un poco más y me pillaba ropa muy original. Ahora soy la persona más aburrida del mundo vistiendo; no arriesgo nada, es muy triste [risas]. Menos mal que a mi novio le gusto así.
S.E: La última vez que viniste a España te quejabas de que no había manera de encontrar novio. Luego las cosas han cambiado, ¿no?
J.B: Sí. Estoy con un chico griego-americano que estudia diseño en Islandia. Me encanta la vida en pareja, es lo más. Desde que estoy con él casi nunca salgo de casa. Aunque ahora es duro, porque le veo menos de lo que quisiera. Al principio de la gira teníamos la excusa perfecta para no tenernos que separar, porque se encargaba de vender nuestras camisetas junto con la novia de Orri [batería del grupo], que además diseña y fabrica las que están hechas a mano. Pero empezó el curso y mi novio tuvo que volverse a Islandia. ¡Qué ganas tengo de volver!
S.E. Si de por sí hay gente que os compara con Coldplay (tanto por las pasiones encendidas que despertáis en vuestro seguidores como por el éxito que tenéis en Estados Unidos), verte tan romántico y entregado a tu pareja te hace parecer la versión gay de Chris Martin, que no sé si será santo de tu devoción...
J.B: [La expresión de su cara lo dice todo] Odio a Coldplay. Pero es algo que no se puede decir, ¿no? Quizá no debería... Bueno, me parece bien que le interesen a mucha gente, pero a mí no me gustan nada. Y la actitud mesiánica de Chris Martin me resulta ridícula. Lo curioso es que hubo una época en que coincidíamos continuamente, sobre todo en festivales. Cuando nos conocimos, resultó que él era muy fan de Sigur Rós, y en ese mismo festival actuaban Goldfrapp (otro grupo que no me gusta nada). Y viene y me dice: “¡Yeah, aquí estamos los tres mejores cantantes del mundo!”. Yo pensaba que me lo decía en broma, pero no...
S.E. ¿Te has sentido en algún momento de arrebato místico el mejor cantante del mundo?
J.B: No. En mi grupo somos todos demasiado normales como para tener ese tipo de pensamientos.


Despiece:


BLANCA NAVIDAD

Afirma Jónsi que no se le presentan excesivas oportunidades de dar rienda suelta a su atracción por los disfraces y el maquillaje. Quizá por ello está deseando volver a casa por Navidad, donde le esperan una fiestas con mucha nieve y mucho circo. “Hace dos años ya montamos una fiesta familiar de disfraces por Nochevieja, y este año hemos decidido repetir. Va a ser una locura”. ¿De qué se vestirá Jónsi? “Aún no lo tengo decidido... Hace poco me compré un chaqué y un sombrero de copa que, por supuesto, aún no me he puesto. Quizá sea una buena ocasión para estrenarlos. Hace dos años me monté un disfraz estupendo, como de ángel. Llevaba dos alas gigantes en la espalda, que me hice yo mismo, mucho maquillaje en la cara e iba tocando un tambor. Y nos montanos un desfile por la calle, aprovechando que había un castillo de fuegos artificiales, que en Islandia son espectaculares”. Al Jónsi de treinta años le sale el niño pequeño que lleva dentro al pensar en las inminentes fiestas; nada que ver con el artista torturado que muchos presuponen que es. “Me encanta la Navidad. Como en esta época del año mi país es tan oscuro, se agradece que haya tantas luces por las calles y tanta fiesta”. Estas navidades, además, aprovechará para poner en práctica una sugerencia de su madre. “Mi novio y yo vamos a intentar hacer todos los regalos nosotros y no comprar ninguno, para donar todo el dinero que nos pensásemos gastar a alguna organización benéfica”. ¿Qué regalos se le ocurrirán? Es una sorpresa, claro.