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Crítica de ()

por Iván Daguer en Especial 35.

Cómo puede una banda arreglárselas para tocar el corazón mas insensible de la tierra, con canciones de más de diez minutos y con letras que ni siquiera son en inglés o islandés. Cómo puede un grupo arreglárselas para dar uno de los espectáculos en vivo más maravillosos de la actualidad. La respuesta no es fácil, pero es un poco el cuestionamiento que todos se hacen con estos cuatro chicos.

() es un disco mucho más sensible que Agaetis Birjun, con temas no se si más reposados pero por lo menos son diferentes. Acá hay una evolución que definitivamente elimina las dudas de su posible enganche en base a la guitarra tocada con un arco de violín y un efecto de volumen y demuestra que la banda tiene un abanico sonoro mucho más amplio.

Este trabajo no muestra información alguna sobre las canciones, lo que en el fondo invita al oyente a preocuparse solamente de la música y no en detalles externos que pudieran entorpecer esto, Más allá de una hermoso arte de disco (ad-hoc a ()), Sigur Rós se despachó el album más hermoso de este año, no se si el mejor pero si el más hermoso.

Las numerosas capas de teclados y cuerdas, son la base de la atmósfera que se crea en (), en donde todo es tan mágico, bonito y cósmico que se forma una especie de ambiente religioso mientras escuchas el disco. Es como introducirse en una iglesia vacía y quedarse allí, callado, sintiendo el silencio, viviéndolo, siendo parte de él. Todo está bien cuando escuchas (), dan ganas de cerrar los ojos para siempre y sentir esa cosa especial que Sigur Rós te produce, un golpe profundo a lo mas profundo de tu cerebro y por qué no, a tu corazón.