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Crítica de Valtari

por Pere Francesch Rom en Muzikalia.

Tras el luminoso Með suð í eyrum við spilum endalaust (2008) y el festivo Go de Jónsi (2010), parecía que Sigur Rós estaba destinado a dar un salto hacia melodías y ritmos más alegres y pop, dejando aparcadas las atmósferas oceánicas tan características de sus obras. La tribal "Gobbledigook", de su anterior disco, abría la puerta a ello. Pues no. Los islandeses han publicado un álbum que indaga aún más, si cabe, en las raíces ancestrales de su música. Georg Hólm, uno de los fundadores de la banda, admitió que honestamente Valtari es el único disco de Sigur Rós que ha escuchado de forma "placentera" en su casa después de haberlo terminado. Eso es posible porque en el LP, excepto en "Varúð", desaparecen por completo los temas que terminaban con fuegos artificiales distorsionados. Valtari está formado por ocho canciones que transitan con esa calma paisajística de las preciosas postales islandesas, con un gran trabajo en los arreglos ya sean electrónicos o con viejos instrumentos. Y la voz. La voz dolorida y apaciguada de Jónsi que tiene un don.

Ningún fan de Sigur Rós se verá sorprendido con el disco e incluso es fácil mostrar recelos en un primer momento. La expectativa de la banda es tan elevada... Pero adentrarse en Sigur Rós nunca fue fácil. Y en este caso, superado el posible desencanto, van hallándose pequeños detalles, melodías que parecen ya escuchadas, pero que vuelven a enganchar, que consiguen hacerte redescubrir de nuevo la banda. Un redescubrir ese lado más atmosférico, desnudo y tranquilo, despojado de tantas luces y estruendosas guitarras.

Más ambiental que nunca y más próximo al espíritu de Riceboy Sleeps (Parlophone, 2009), de Jón Þór Birgisson y Alex Somers, volvemos de nuevo a Islandia a través de una esperanzada y oceánica "Ég Anda", a través de los coros y la voz afligida y retocada de Jónsi en "Ekki Múkk" o recuperamos en parte las explosiones características con la ya citada "Varúð". Los últimos tres temas del disco son completamente instrumentales, más propios de la banda sonora de una película de montañas nevadas y eternos anocheceres: los pianos reiterativos con el canto de una dulce voz femenina en "Varðeldur"; la experimental y ambiental "Valtari" con esos teclados cristalinos y los cuatro pianos de "Fjögur Píanó".

Valtari no se contará como la mejor obra de Sigur Rós. A pesar de ello, la banda lo vuelve a conseguir. Consigue crear esas melodías y trasladar esa visión de belleza como pocos han conseguido musicalmente. Sólo que en este caso hay que esperar varias escuchas para que la música emerja poco a poco. Si en algo supera claramente la música a la escritura, es que la primera llega y lleva (casi siempre) donde la segunda no puede. Valtari como ya hicieron Von brigði (1998), Ágætis byrjun (1999), ( ) (2002), Takk... (2005) y Með suð í eyrum við spilum endalaust (2008) demuestra de nuevo lo certera que es la frase.

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