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Crítica de ()

por Joan S. Luna en Mondosonoro.

Enfrentarse a un nuevo disco de los islandeses más controvertidos del momento requiere esfuerzos, diría que muchos esfuerzos. Porque las creaciones de Sigur Rós no puede juzgarse precipitadamente, más que nada porque su particular universo pide de una forma sibilina que nos sumerjamos en cada segundo como si fuese el último.

No importa que gran parte de las composiciones aquí presentadas ya formasen parte del repertorio que nos presentaron en sus directos, porque cada nueva escucha ambiciona una concentración que pocos aficionados están dispuestos a brindarles. Y sólo entrando en ese juego y de ese modo, sabremos qué son, qué pretenden y qué representan Sigur Rós. De ahí que los títulos no resulten necesarios y que poco importe si las partes cantadas lo están en hopelándico. Si la voz es un instrumento más y lo que nos brindan son paisajes sonoros más que canciones, no existe otra salida. Habrá quién hable de new age sin entender que Arvo Part es quien observa desde la lejanía, habrá quien pretenda lanzar referentes al vuelo sin comprender que, ahora mismo, la principal valía de Sigur Rós es su particularidad, su indiscutible personalidad y esa gelidez abrasadora que cala hasta los huesos para meterse en el corazón. Pero no se acerquen a ellos por las buenas, sin receta médica, porque –aunque el comentario pueda sonarles prepotente- “()” es un disco únicamente válido para quien ha escuchado mucha música y ha sabido soñar con ella.


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