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Crítica de ()

por J. Lillo en ABC.

Paisajismo y barbarie. El tercer álbum de Sigur Rós es un friso recorrido - bastante despacio, valga la paradoja - de setenta minutos, una composición segmentada en ocho movimientos y concebida como una sola canción que parece no acabar nunca. Para aumentar el desconcierto, la banda no ha querido titular tan ambicioso desvarío, que cabalga entre las evoluciones minimales de Michael Nyman y los arrebatos de GYBE! y que, después de todo, no desemboca más allá del Amnesiac de Radiohead.

El grupo se embarca en una letanía desguazada que, a la fuerza, tiene momentos brillantes y de un lirismo sobrecogedor, pero a la que le sobra impostura. Sometido a una buena poda, podría haber sido la cara B de cualquiera de las canciones del espléndido y reciente "Trust" de Low, pero el desbocado caudal de Sigur Rós se lleva por delante el sosiego que exige su disfrute. Hay que recostarse demasiado - en tiempo y en espacio - para apreciar las virtudes de ( ).