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Crítica de ()

por Pablo Suárez y Marta Luis en Muzikalia.

Sigur Ros, los islandeses que hace ya tres años revolucionaron el mundo con el excelso Agaetis Byrjun regresan a la actualidad musical con álbum arriesgado y complejo, titulado ( ). Como el propio grupo ha venido diciendo, en este ( ) hay dos partes claramente diferenciadas, los cuatro primeros temas de corte más ambiental, más new age, y los cuatro últimos, en los que las guitarras cobran mayor protagonismo, donde sobre todo destaca la fuerza y la intensidad vocal que imprime jón þór birgisson.

( ) tenía el listón muy alto, Agaetis Byrjun y los espectaculares directos de los islandeses han hecho que todos esperásemos con gran expectación esta nueva entrega, y desde luego, no creemos que defraude a nadie. Hombre, una cosa está clara, si Sigur Ros nunca ha sido vuestro grupo, con ( ) no os van a conquistar, pero si has sabido apreciar la tensión y la intensidad que desprendían piezas como "Svefn-g-englar" o "Avalon", presta mucha atención, porque ( ) condensa más de una hora de complejas melodías, auténticas obras de orfebrería sonora y emocional capaces de elevarnos hasta el infinito y hacernos rasgar el cielo, sintiéndonos dichosos por poder derretir el frío hielo islandés solo tocandolo con las yemas de los dedos.

Sin lugar a dudas podemos destacar la rabia y la intensidad de los cortes 6 y 7 (oficiosamente conocidos como “E-Bow” y “The Death Song”), con las guitarras como protagonistas, crescendos épicos y una desgarradora fuerza vocal que arranca del estómago, arreglos de cuerda y una batería más pesada que nunca acaban por dar vida a dos de los mejores temas que Sigur Ros han creado nunca. Por otras vías caminan los temas 1 (“Vaka”) y 3 (“Samskeyti”), en los que predominan los ambientes, la batería es sustituida por teclados y la paz se adueña de la habitación. Combinando ambas vertientes de la banda "Njósnavélin" (la 4) y "The pop song" (la 8) sosiego e intensidad a partes iguales, largos desarrollos, capas que se superponen formando un todo, una unidad encerrada en esos dos semicírculos que desde ahora mismo custodian los 71 minutos más emocionantes jamás creados por los islandeses, y eso es decir mucho.